LA MUSICOTERAPIA PARA MEJORAR LAS RELACIONES, SANAR LAS HERIDAS Y DESARROLLAR EL BUEN TRATO EN NUESTRAS VIDAS

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La música nos brinda enormes posibilidades para expresar nuestras emociones, transformarlas, calmarlas, activarnos, unir a las personas,  mejorar funciones como la memoria, la psicomotricidad y el lenguaje. Desde la musicoterapia, quienes hemos estudiado a fondo esta profesión aprovechamos este potencial de la música para acompañar a personas y grupos en sus procesos y contribuir a mejorar su calidad de vida. También podemos utilizar las herramientas de nuestra profesión para promover cambios sociales hacia una mayor igualdad, justicia, paz y unión entre las personas.

Desde la musicoterapia, nos comunicamos tanto con la palabra como con la música que creamos, danzamos o escuchamos y nuestro cuerpo. Todo esto abre un abanico maravilloso de opciones para potenciar los objetivos de desarrollo personal y transformación social que buscamos y acompañar de forma lúdica, amable y profundamente transformadora a las personas que acuden a nuestros servicios.

La música nos permite acceder a estados de relajación profunda y a momentos de toma de conciencia muy especiales, puesto que tiende un puente entre lo que conocemos de nosotras y nosotros mismos y todos esos recuerdos, actitudes, creencias, etc. que han quedado almacenados en el incosciente y que intentan aflorar a nuestra conciencia en forma de síntomas, patrones que se repiten una y otra vez, tensiones corporales, emociones que no sabemos de dónde vienen, sensación de bloqueo, opresión en la garganta, sueños, ideas repetitivas…

¿Cómo hacemos desde la musicoterapia para contribuir a desbloquear y facilitar que el amor y el buen trato fluyan?

  • Convertir nuestras emociones en aliadas: la música muchas veces nos ayuda a expresar lo que no alcanzamos a decir con las palabras. Cuando se nos atraganta una emoción, podemos desbloquearla danzando, cantando (con o sin palabras) o simplemente escuchando una canción que nos resuena, nos habla de lo que nos pasa y nos genera un enorme alivio escucharla, como si cantara por nosotras y nosotros. Técnicas como la improvisación musical clínica, las visualizaciones guiadas con música, danza libre, coreografías semi-estructuradas, composición e interpretación de canciones, nos ayudan a canalizar nuestras emociones, sacarlas fuera y descubrir la información que nos traen. Al abordarlas desde la musicoterapia, podemos transformarlas y acceder a estados más animados y más serenos, además de darnos cuenta de qué nos pasa y qué necesitamos. Emociones difíciles como la rabia pueden ser expresadas (por ej., golpeando un tambor o cantando lo que nos sucede) sin dañar ni dañarnos, y resultarnos muy útiles para, por ejemplo, darnos cuenta y protegernos frente a algo que nos daña.
  • Autoconocimiento y autoamor: mediante las actividades musicoterapéuticas, nos vamos conociendo mejor, descubriendo facetas de las que no éramos conscientes y aprendiendo a amarlas y a transformar aquello que necesitamos abordar. Todo esto lo hacemos desde el amor, con el acompañamiento de la musicoterapeuta, teniendo en cuenta que el vínculo que se establece contribuye a sanar las heridas, desarrollar las propias fortalezas, ser más comprensivas y comprensivos con las dificultades y vulnerabilidades y aceptar todo lo que hay dentro.
  • Comunicación: la música, a veces sin palabras y otras, con ellas, nos permite comunicarnos desde lugares muy diferentes: desde los más íntimos y delicados hasta los más lúdicos y transgresores. Mediante estas técnicas, podemos desbloquear atascos en la comunicación y desarrollar herramientas para entendernos mejor.
  • Equilibrio entre el espacio personal y el compartido, lo que damos y recibimos: actividades como la improvisación musical y la expresión corporal potencian el contacto de cada persona con su forma de expresarse más auténtica, sin necesidad de tener estudios musicales. De esta manera, nos sentimos en unión con otras personas sin perdernos, en coherencia con quienes somos y compartiendo “de dentro hacia fuera”. El hecho de experimentar este equilibrio facilita mucho el desarrollo de habilidades sociales tan necesarias para las relaciones sanas.
  • Sanar las heridas. La musicoterapia permite revisitar las experiencias que vivimos y que nos siguen generando sufrimiento para desbloquear ese dolor, transformarlo y convertirlo en fuente de aprendizaje. No podemos cambiar el pasado, pero sí cómo nos relacionamos con él. Y las técnicas musicoterapéuticas nos ofrecen un potencial reparador increíble dentro de la relación terapéutica, donde el cuidado y el autocuidado son los ejes principales.
  • Aprender formas de ser y relacionarnos más libres y conscientes: podemos revisar letras de canciones y analizar en vídeos y canciones la manera como hemos aprendido a amar a partir de mitos y estereotipos de género. Para desarrollar nuestra capacidad de amar de manera más consciente, la musicoterapia nos brinda posibilidades como la de componer otras canciones, dar alas a nuestra voz más auténtica, visualizar formas de relacionarnos que nos llevan a ser más felices.

No es necesario tener estudios musicales para participar en sesiones de musicoterapia, salvo si eres musicoterapeuta 🙂

Si deseas hacerme cualquier pregunta o tener una sesión exploratoria gratuita, puedes contactar conmigo en info@cuandoelamorfluye.com

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